Cómo surgió la idea para nuestro largometraje

La idea es el corazón de la historia y una historia sin corazón jamás podrá moverse.

IDEA

¿De dónde surgen las ideas?

Pues nos guste más o menos las ideas siempre surgen de nuestra propia experiencia, de lo que hemos vivido y sentido, de aquello que en mayor o menor medida ha hecho muesca en nuestro cerebro, consciente o inconscientemente.

Y entonces… ¿Para tener ideas es necesario haber tenido la vida más interesante y emocionante del mundo?

Mi respuesta sería un rotundo no. Tener ideas no es fácil pero es muy divertido. Debemos entrenar nuestro cerebro para que sepa aprovecharse de cualquier estímulo que reciba, por minúsculo que sea, para que con el tiempo la imaginación trabaje a tal velocidad que sea capaz de hacer surgir una idea de algo tan simple como observar una mesa.

Encontrar las ideas.

Las ideas están ocultas en nuestro día a día, en las personas con las que hablamos y en los lugares que visitamos, en lo que vemos y en lo que oímos.  Personalmente, a mi me funciona leer noticias, de cualquier tipo y aunque en el momento en el que las leo no surja una idea maravillosa siempre noto que hay algunas que tienen “ese algo”, esa esencia que si se trabaja puede hacer crecer una idea que después dará lugar a una historia.

¿Cómo surgió la idea para nuestro guión?

En nuestro caso, al empezar a trabajar en el largometraje en el que nos encontramos inmersos la idea surgió a partir de un tema y de explorar las posibilidades que ofrecía para convertirse en una historia.

Todo comenzó en un taller de largometraje que estábamos recibiendo en el máster. Trabajábamos, y seguimos haciéndolo, en grupos de tres y el profesor que impartía la clase nos pidió que llevásemos tres ideas o más bien tres sinopsis para empezar a escribir una película.

En aquel momento mi realidad era que no conocía de nada a mis dos compañeros. Ni ellos me conocían a mi. Nos habían agrupado en el máster asegurándonos que lo habían hecho compaginando nuestras “fortalezas” como escritores y no sé si era cierto o no, porque con el tiempo descubrimos que los tres éramos muy diferentes.

Podríamos haber hecho un brainstorming para sacar las tres ideas ganadoras que llegarían al aula pero decidimos presentar una idea cada uno. Desde luego para mí fue la mejor solución. Me sentía intimidada, jamás había escrito para cine y estaba acojonada de tener que decir mis pensamientos en voz alta. Así que escribir una sinopsis en la tranquilidad de mi casa resultaba mucho menos violento.

Ninguna de las tres ideas se parecía entre sí. Una vez la tuvimos, se lo enviamos a nuestro profesor y sólo quedaba esperar a la clase donde nos anunciaría qué idea debíamos desarrollar. Las casualidades de la vida hicieron que mi sinopsis fuese la elegida.

Resultó ser que en mi idea estaba el tema que más tarde terminaría por convertirse en una historia completamente diferente a la que yo había pensado. Ahora me doy cuenta de que aquella idea que presenté estaba poco trabajada, no estaba clara y le faltaban horas de vuelo. Pero tenía “ese algo” que la hacía única; su tema. Un tema que a mi me había llamado la atención desde hacía un tiempo y sobre el que había leído algunas noticias, pero del que sabía muy poco. Investigamos, intentamos aprender lo máximo posible sobre el asunto del que queríamos hablar, dedicamos muchas horas a teorizar y a especular hasta que conseguimos dar con un punto de partida los suficientemente interesante y funcional que nos permitiese contar una historia con el tema que habíamos elegido. Perfecto.

Teníamos la idea, el detonante de nuestra historia, pero no teníamos nada más. Cinco minutos de película, faltaban ochenta y cinco para conseguir escribir noventa páginas de un guión. Y no fue fácil dar con la historia, nada fácil. Probamos docenas de posibilidades y siempre encontrábamos una grieta que hacía que la historia se desmoronase. Aunque nunca nos rendimos, lo intentamos una y otra vez, las veces que hiciera falta, porque sabíamos que teníamos entre manos una historia que queríamos contar. Así que invertimos mucho tiempo en moldear la idea. La hicimos pasar por un proceso de metamorfosis largo e intenso hasta que consiguió convertirse en una historia con corazón propio capaz de moverse por sí misma.

¿Y cual es la moraleja?

IDEA SEEDS
Si las plantas fuesen historias, las semillas serían las ideas que las hacen surgir. Aunque no de todas las semillas llega a salir una planta y por lo tanto, cuantas más ideas plantemos más posibilidades tendremos de ver crecer una historia. Transformemos ahora a nuestras ideas en bonsáis. Démosle tiempo para que crezcan y engorden, mientras las podamos y retorcemos para que se conviertan en el pequeño árbol que queremos que sean, para que lleguen a ser la historia que queremos contar.

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