El mito de la inspiración

¿Es la inspiración una farsante?

Existe la falsa creencia de que para poder tener ideas hemos de sentarnos a esperar a que llegue la inspiración. Se cree que debemos contemplar el vacío hasta que las musas decidan aparecer. Mentira. La inspiración no es más que una farsante embaucadora que valiéndose de la inexperiencia nos puede hacer creer que en algún momento llegará con una idea original y única que nos sacará de pobres.

inspiración esperar

La inspiración tiene su días buenos y sus días malos.

Pero, ¿qué hacer para que la inspiración no solo sean unas musas que vienen a verte de vez en cuando con una idea maravillosa? Desde mi punto de vista la realidad solo tiene dos amigos que te ayudarán a tener ideas, el trabajo y la constancia. Y si haces caso a esos dos amigos puede que tengas días en los que estés más inspirado.

Como todo en la vida, el cerebro se entrena. En mayor o menor medida tenemos en nuestras manos la capacidad de hacer que trabaje para nosotros, de enseñarle y de que aprenda a comportarse como queremos que lo haga.

Si nunca hemos salido a correr y se nos ocurre la idea de querer acabar una maratón probablemente acabaríamos en la cama doloridos sin haber logrado nuestro objetivo. Distinto sería si hubiésemos pasado el último año entrenando, corriendo a diario. Desde luego nuestras posibilidades de conseguir acabar la maratón serían infinitamente superiores porque habríamos invertido nuestro esfuerzo en conseguir nuestro objetivo. Y con la inspiración pasa un poco lo mismo, no podemos pretender correr una maratón sentándonos a esperar a que nuestras piernas se muevan solas.

Como diría Picasso, “La inspiración existe pero tiene que encontrarte trabajando.”

Cuanto más escribas, cuanto más pienses, cuanto más tiempo pases tratando de buscar solución a esa trama que se te resiste, cuanto más tropieces y más te levantes, más probabilidades tendrás de que la inspiración trabaje a tu favor. Viene a ser lo mismo que enseñarle a tu perro a darte la patita. El primer día puede que lo haga de pura casualidad, pero no conseguirás que lo haga conscientemente a no ser que inviertas el trabajo y tiempo suficiente en enseñarle que si lo hace le darás su galletita y tendrá su recompensa.

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